Afilando el Hacha
El verano es sinónimo de tiempo de vacaciones y del disfrute. Aquí la gente se lo toma muy en serio, todo cambia (como ya lo he comentado en otros post) que hasta la ciudad se ve distinta.
Es la primera vez que veo en una ciudad como todos están de acuerdo para "disfrutar" del tiempo estival. Eso me ha hecho reflexionar sobre mi vida que tenía en Venezuela, cuando trabajaba como una esclava olvidándome que existían las vacaciones, aunque de unos años para acá no acumulé más mis vacaciones y me las tomaba en el tiempo que correspondía, así fuese para estar en la casa y disfrutar de la ciudad.
Por lo que me he dado cuenta, tener tiempo de esparcimiento y disfrute es muy valorado aca para poder mantener el ritmo de trabajo, en especial para sobrellevar el tan temido invierno. Eso me parece muy sabio y excelente que esté en la consciencia del colectivo.
En este momento me viene a la mente una historia de esas que dan en charlas de superación personal y que nos hacen reflexionar. La recuerdo de la siguiente manera:
Según había una competencia de leñadores en un pueblo que vivían de la madera, habían dos leñadores, uno joven y corpulento y otro un anciano. La competencia consistía en quien mas arboles derribara sería el ganador. Así, que al comenzar la competencia el joven leñador no paró de dar golpes con su hacha a cuanto árbol encontrase en su camino, iba derribando uno a uno como una máquina. Por el otro lado, cada vez que el anciano derribaba un árbol se sentaba y descansaba. Al finalizar la jornada y realizar el conteo, el ganador fue el anciano. El muchacho agotado y sorprendido, preguntó cómo era posible dicho resultado. El anciano respondió sabiamente, "cada vez que descansaba, afilaba mi hacha; eso me permitía derribar con un sólo golpe un árbol mientras tu lo hacías con muchos".
Así que es tiempo de sentarse a afilar el hacha.
Es la primera vez que veo en una ciudad como todos están de acuerdo para "disfrutar" del tiempo estival. Eso me ha hecho reflexionar sobre mi vida que tenía en Venezuela, cuando trabajaba como una esclava olvidándome que existían las vacaciones, aunque de unos años para acá no acumulé más mis vacaciones y me las tomaba en el tiempo que correspondía, así fuese para estar en la casa y disfrutar de la ciudad.
Por lo que me he dado cuenta, tener tiempo de esparcimiento y disfrute es muy valorado aca para poder mantener el ritmo de trabajo, en especial para sobrellevar el tan temido invierno. Eso me parece muy sabio y excelente que esté en la consciencia del colectivo.
En este momento me viene a la mente una historia de esas que dan en charlas de superación personal y que nos hacen reflexionar. La recuerdo de la siguiente manera:
Según había una competencia de leñadores en un pueblo que vivían de la madera, habían dos leñadores, uno joven y corpulento y otro un anciano. La competencia consistía en quien mas arboles derribara sería el ganador. Así, que al comenzar la competencia el joven leñador no paró de dar golpes con su hacha a cuanto árbol encontrase en su camino, iba derribando uno a uno como una máquina. Por el otro lado, cada vez que el anciano derribaba un árbol se sentaba y descansaba. Al finalizar la jornada y realizar el conteo, el ganador fue el anciano. El muchacho agotado y sorprendido, preguntó cómo era posible dicho resultado. El anciano respondió sabiamente, "cada vez que descansaba, afilaba mi hacha; eso me permitía derribar con un sólo golpe un árbol mientras tu lo hacías con muchos".
Así que es tiempo de sentarse a afilar el hacha.















